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Cómo Monsanto manipula a periodistas y académicos

Glifosato bajo la marca Roundup de Monsanto
Herbicida Roundup de Monsanto

¿Monsanto se saldrá con la suya?

Este es un reportaje de Carey Gillam, publicado originalmente en The Guardian*

Durante los últimos años, la evidencia de los intentos de engaño por parte de la empresa Monsanto defendiendo la seguridad de su producto estrella – el herbicida Roundup- han quedado expuestos a los ojos del mundo. A través de tres juicios civiles, se han revelado comunicaciones internas de la empresa que tres de los jurados han encontrado inéticas al tiempo que aplican sanciones punitivas por daños y perjuicios a Monsanto.

Se ha dado bastante atención a las conversaciones de Monsanto en las que los científicos de la compañía casualmente discuten la elaboración de escritos científicos fantasma y la supresión de divulgación científica que entre en conflicto con las aseveraciones científicas sobre la seguridad de Roundup. También ha habido indignación pública sobre los registros internos que muestran las relaciones amistosas de la empresa con los reguladores, las cuales bordean o incluso llegan posiblemente a la confabulación.

Pero estos – los que una vez fueron documentos confidenciales de Monsanto – demuestran que el engaño de la empresa sobre la seguridad de RoundUp ha ido incluso más allá de la mera amistad con los reguladores. En adición a la manipulación de la ciencia y los reguladores, la más insidiosa práctica de engaño de la compañía podría ser la manipulación de los medios de comunicación, según se puede extraer de los registros.

Recientemente supimos que una joven mujer, falsamente posando como una periodista independiente de la BBC, en uno de los juicios contra Monsanto por casos de cáncer, era en realidad una consultora de la empresa FTI Consulting en «Administración de la reputación». La mujer pasó tiempo con varios periodistas que estaban cubriendo el caso de Hardeman vs Monsanto en San Francisco, pretendiendo hacer reportajes y también sugiriendo a los periodistas reales ciertas lineas de discurso o puntos de vista que favorecían a la empresa.

El abogado Tim Litzenburg, quien representa a varios demandantes de Monsanto sobre reclamaciones de que el Roundup les causó cáncer, me dijo que él estaba rastreando lo que denominaba el «proyecto de dinero oscuro» de Monsanto, dirigido a ganar la opinión favorable del público. El proyecto incluía colocar artículos de noticias en sitios de alto prestigio, desacreditando o acosando a periodistas que rechazaban seguir el discurso de propaganda de la compañía; mientras que secretamente se financiaban grupos que amplificaban el mensaje de Monsanto en las redes sociales y en las plataformas de mensajería.

«Ahora sabemos que ellos han domesticado a periodistas para que difundan la propaganda de Monsanto como reportajes objetivos» Litzenburg, un socio de la firma Kincheloe, Litzenburg & Pendleton, me dijo. «Al mismo tiempo, la compañía química buscó amasar dossieres que desacreditaban a esos periodistas que eran lo suficientemente valientes como para hablar en contra de ella»

Según los documentos internos de Monsanto que Litzenburg ha recibido, las narrativas pro-Monsanto son diseminadas por individuos y grupos que promueven el trabajo de periodistas que siguen las historias que Monsanto desea ver publicadas, mientras que buscan desacreditar y desprestigiar a aquellos periodistas cuyo trabajo amenaza a Monsanto.

Para mí, un periodista de carrera que ha pasado 17 años cubriendo a Monsanto para la agencia de Noticias Reuters, estas revelaciones no son sorprendentes. En el 2014 una organización llamada Academics Review publicó dos artículos acerca de mi trabajo en Reuters en los que escribía acerca de los cultivos genéticamente modificados de la empresa y su herbicida Roundup. Monsanto no estuvo contenta con algunas de mis historias, quejándose de que en ellas yo no había de haber puesto las perspectivas de sus críticos. Academic Review amplificó estas quejas bajo el disfraz de ser una asociación independiente.

Documentos internos de Monsanto han revelado, sin embargo, que Academics Review era y es de hecho cualquier cosa menos independiente. La organización era una rama de Monsanto, diseñada para ser un vehículo de respuesta a las «preocupaciones y acusaciones científicas» mientras mantenían a Monsanto tras el escenario, de manera que no dañaban la credibilidad de la información que divulgaban, tal y como se puede extraer de un email de Noviembre de 2010 de Eric Sachs, ejecutivo de la compañía.

Según una cadena de correos electrónicos de Marzo 11 de 2010, Academics Review fue establecida con la ayuda de un ex director de comunicaciones corporativas de Monsanto que estableció su propia agencia de relaciones públicas y por un vicepresidente de una asociación de comercio de la industria de la biotecnología de la cual Monsanto era parte.

Otros documentos internos muestran que el dinero de Monsanto y sus órdenes estaban detrás del Consejo Americano de Ciencia y Salud (CACS), una organización que se presenta como independiente en la industria mientras atacaba a los periodistas y científicos que contradecían las posturas y la agenda de Monsanto. Los artículos escritos por el CACS habían aparecido en USA Today, The Wall Street Journal y Forbes.

El CACS publicó múltiples artículos dirigidos no solamente a desacreditarme a mí sino también al periodista ganador del Pulitzer, Eric Lipton del New York Times, quien había llamado al CACS «una farza científica», y también desacreditando a la ex-reportera del New York Times Stephanie Strom, quien había acusado al CACS de «periodismo irresponsable», poco tiempo después ella dejó el periódico. Ambos reporteros han escrito artículos exponiendo preocupaciones sobre Monsanto. Otro reportero del New York Times, Danny Hakim, también ha sido atacado por el CACS por escribir sobre la compañía. «Danny Hakim te está mintiendo», se lee en uno de los artículos que el CACS escribió sobre Hakim.

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Emails internos han mostrado que el CACS buscaba y recibía fondos de Monsanto. Una cadena de emails de 2015 entre Monsanto y el CACS detalla el «irrestricto» apoyo financiero que el CACS desea, mientras que detalla los «impactos» logrados por el CACS en las redes sociales. «Cada día trabajamos duro para mostrar nuestro valor a compañías como Monsanto» el email del CACS señala. Una separada cadena de correos entre ejecutivos de Monsanto indica: «Tu NO RECIBIRÁS UN MEJOR SERVICIO POR TU DINERO que el que te da CACS».

Tom Philpott, un periodista veterano con el Magazine Mothe Jones, quien ha escrito críticamente sobre los cultivos genéticamente modificados durante años, también ha sentido fuertemente el acaso de la industria.

«Estos son viciosos y absolutamente infundados ataques sobre la credibilidad de los periodistas, bien diseñados para dañar la relación del periodista con su empleador» dijo Tom.

Mientras que se acosa a los periodistas que cubren negativamente a Monsanto, la empresa también ha encontrado ciertas maneras de promover a periodistas que llevan su mensaje. Documentos internos de la empresa muestran que mientras que la compañía quería desacreditar a la Agencia Internacional Para Investigación del Cáncer (AIIC) después de que esta agencia clasificara el glifosato de Monsanto como «probablemente» cancerígeno, Monsanto se dirigió a la agencia Reuters señalando que historias escribir.

Los correos muestran una historia controversial publicada en Junio de 2017 por la agencia Reuters, elevando cuestionamientos sobre la integridad sobre la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (AIIC) en sus informes sobre el glifosato. Esta publicación de Reuters fue sugerida por uno de los ejecutivos de Monsanto, Sam Murphey. Murphey dio a uno de los reporteros documentos que no se habían hecho públicos, con la narrativa que Monsanto quería transmitir a la opinión pública. La historia publicada en Reuters no señala a Monsanto como su fuente, sigue fielmente las directivas de información de esta empresa.

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Otro correo reveló detalles de cómo las huellas de Monsanto estaban en al menos otras dos historias de Reuters sobre la AIIC. Un correo del 1 de marzo de 2016 habla del envolvimiento de Monsanto en la camapaña «Red Flag», en una historia que crítica a la AIIC y del deseo de Monsanto influenciar una segunda historia, similar a esta en la Agencia Reuters. Red Flag es una agencia de relaciones públicas basada en Dublin. Según el correo «siguiendo el compromiso con Red Flag hace unos meses, el primer artículo fue suficientemente crítico de la AIIC». El correo continuaba «Ustedes podrían ser conscientes de que Red Flag está en contacto con Reuters considerando un segundo reporte en esta serie».

Poco tiempo después Reuters publicó una historia titulada «Reporte Especial, Cómo la agencia del cáncer de la OMS confunde a los consumidores».

Las historias en cuestión fueron compartidas por el CACS, el Consejo Americano de Química, Monsanto y otros.

En Europa, los fiscales franceses están investigando la campaña de la empresa para manipular a los periodistas y a otros, esta investigación incluye documentos secretos sobre individuos de influencia compilados por la agencia de relaciones públicas de Monsanto Fleishman Hillard. Bayer AG, la empresa alemana que adquirió a Monsanto en junio de 2018 ha admitido que Fleishman Hillard creaba listas de personas en Francia, Alemania, Italia, Holanda, Polonia, España y el Reino Unido a petición de Monsanto. La compañía se ha disculpado por los archivos secretos y ha dicho que ha contratado una firma externa de abogados para que investigue la materia.

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En los Estados Unidos, Raymond Keris, jefe de comunicaciones de Bayer, me dio que la compañía «está abierta a la transparencia y a acuerdos justos, con todas nuestras audiencias, incluyendo a los medios de comunicación».

Este comentario parece ser una promesa hueca en la medida en que los ataques de la compañía continúan contra mi y otros periodistas. Las intenciones de Monsanto de seguir acosando a sus críticos parece solo estar creciendo – así como el número de demandantes contra Monsanto en casos de cáncer crece.

*Historia traducida para Muy Financiero por Iván Gutiérrez.

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