MastodonXenofobia, migración, seguridad y crecimiento económico en Colombia
Desarrollo social

Xenofobia, migración, seguridad y crecimiento económico en Colombia

Las recientes declaraciones de la alcaldesa de Bogotá Claudia López en el sentido de que muchos de los delitos más violentos en Bogotá estarían siendo cometidos por venezolanos y que por lo tanto “los colombianos necesitamos garantías”, han despertado una gran polémica, no solo en la ciudad sino a nivel nacional. Múltiples políticos de diferentes orillas ideológicas salieron a rechazar las declaraciones de la alcaldesa como xenófobas y recordaron que insistir de manera constante sobre el origen o la nacionalidad de las personas que cometen delitos lo único que produce es que la población venezolana continúe siendo discriminada en un contexto en el que ya están sufriendo xenofobia por parte de grupos de la población que resisten su presencia y los ven como una amenaza para el empleo, la seguridad y el bienestar de los locales.

Las declaraciones de la alcaldesa no solo fueron criticadas en un sentido moral, sino también en un sentido un poco más práctico. Varios tuiteros recordaron que la mayoría de crímenes y delitos violentos que ocurren en Bogotá son perpetrados por colombianos, mientras que una muy pequeña fracción de esos delitos son cometidos por extranjeros.

Y es que el problema no se reduce a cuántos venezolanos y colombianos están involucrados en delitos como el hurto, homicidios o en expresiones de violencia, sino al hecho de que la percepción de inseguridad ha venido aumentando en gran medida en la capital del país.

Muchos han criticado a la alcaldesa López por descuidar el estado de la seguridad en la ciudad, a la vez que ella muestra cifras positivas, que muchos de sus críticos aluden a los confinamientos decretados por la pandemia y no a una política eficaz de seguridad. Ahora que los confinamientos han venido siendo suavizados y las personas han vuelto a salir de sus casas con más frecuencia, la sensación de inseguridad entre la población ha vuelto a aumentar.

En este sentido se ha manifestado el concejal de Bogotá, líder de la oposición Carlos Fernando Galán, quien ha señalado que : “Creemos que la alcaldesa tiene una práctica sistemática de señalar la nacionalidad de quien comete un delito y eso lo hace de manera equivocada. Primero, porque las cifras no sustentan lo que ella está argumentando. La Secretaría de Seguridad dijo a El Tiempo que de cada 100 delitos que se cometen en Bogotá, dos los cometen venezolanos”.

“No estoy diciendo que no haya venezolanos que cometan delitos, sí los hay, pero señalar la nacionalidad lleva a una generalización afecta a toda una población. Y logra el objetivo de la alcaldesa, que es evadir su responsabilidad. Estamos hablando de si los venezolanos cometen o no delitos, si hay o no xenofobia y no de que la política de seguridad de Claudia López es un total fracaso”, señaló Galán.

A la luz de todo lo que han expresado la misma alcaldesa y otros políticos, así como la ciudadanía, lo que sucede en Bogotá deja una sensación clara de que Claudia López está intentando desentenderse del problema de seguridad apelando a una sensación existente entre la población, que es la de que los venezolanos vienen a Colombia a robar y a cometer delitos porque no tienen ya ninguna oportunidad de crecimiento y progreso que les quede en Venezuela. Esta sensación si bien un trasfondo real que es la grave crisis social y económica que se vive en Venezuela, desconoce una gran realidad, y esta es el estado histórico de inseguridad que ha enfrentado la capital del país. Bogotá sigue siendo una ciudad insegura y lo era incluso desde mucho antes que la migración colombiana empezara a llegar. La confluencia del narcotráfico, los delitos comunes, la pobreza exacerbada, el desempleo y las milicias urbanas de los grupos alzados en armas como las autodefensas y el ELN, constituyen el conjunto de la realidad dentro del cual la violencia y el crimen se desenvuelve.

En este contexto, recurrir a la estigmatización de los venezolanos le habría servido a la alcaldesa como una excusa para justificar las malas cifras en seguridad, cuyas causas van más allá de ciudadanos que simplemente “optaron por el delito como forma de vida”. Afortunadamente gran parte de la ciudadanía no ha comprado este discurso de la alcaldesa y le han reclamado por acciones más concretas y efectivas en materia de seguridad. Naturalmente el problema de la seguridad en Bogotá no se resolverá simplemente colocando más policías en las calles. Se requiere toda una serie de políticas sociales y económicas que enfrente las causas estructurales de la violencia, las cuales pasan por una mayor generación de empleo, el combate a las drogas ilegales desde una perspectiva de salud pública y una política de convivencia ciudadana que transforme realmente la cultura.

El peligro de la estigmatización de los venezolanos

Uno de los graves peligros de la actitud que ha tomado la alcaldesa Claudia López es que lleva a la población nacional a mostrar un mayor rechazo, aparte del que ya existe por los prejuicios culturales con los que muchas personas cargan, hacia los ciudadanos venezolanos. Este rechazo puede traducirse en menores oportunidades sociales y económicas para la población migrante, lo cual también redundaría de forma negativa en la calidad de vida de los colombianos. Al estigmatizarse a la población venezolana se la coloca en condiciones donde es más fácil que sean propensos al delito, por ejemplo, la exclusión laboral crea incentivos para que se dediquen al hurto y otro tipos de actividades criminales, que se convierten en los medios de subsistencia más fácilmente disponibles para ellos. La estereotipación negativa por otra parte lleva a que los colombianos esperen un comportamiento típico ( en este caso el delito) por parte de los venezolanos, los cual lleva a que los venezolanos terminen siendo más propensos a actuar de acuerdo a los estereotipos que se tienen sobre ellos. Este fenómeno es algo que ya se había estudiado por los economistas Esther Duflo y Abhijit Banerjee en Buena Economía para tiempos difíciles (2019) y es uno de los mayores obstáculos a la integración social, tanto en contextos étnicos, raciales, de nacionalidad diferentes o simplemente en relación a clases sociales.

Por otra parte apenas hace un mes la agencia calificadora de riesgos Moody’s había señalado que la regularización de la población venezolana que estaba impulsando el presidente Iván Duque mejoraría los prospectos de la economía colombiana, logrando una mejora en el PIB colombiano del 2020 al 2030 en al menos un 0.7% durante ese periodo. Pero este aumento solamente tendría en cuenta la regularización de los venezolanos, algo que les permite acceder a empleos formales, más no tiene en cuenta fenómenos propios que muchas veces no se miden en el PIB porque se encuentran dentro de la economía paralela, o economía en las sombras, también denominada economía informal. Y es que una realidad que también se ha constatado a lo largo del mundo es que los migrantes por lo general suelen ser más emprendedores que los locales, ya que lejos de los prejuicios de su entorno local, están más abiertos a actividades de emprendimiento frente a las que en otros escenarios serían más tímidos o de las cuales se sentirían más avergonzados en sus entornos locales donde todas las personas les conocen. Por ejemplo, es más probable que una persona se sienta impulsada a abrir un puesto de comidas o un negocio cualquiera en una ciudad donde nadie le conoce que en su propia ciudad o barrio donde esta persona se podría sentir cohibida a trabajar de este modo.

La migración por tanto, antes que traer criminalidad trae grandes oportunidades para el crecimiento económico. Los migrantes generalmente también están más dispuestos a hacer tareas que los ciudadanos locales no están dispuestos a realizar como las tareas domésticas y labores manuales en el campo para las cuales ya no se encuentra mano de obra. Si la actitud xenófoba termina siendo exacerbada como una excusa frente a la inseguridad, tal y como está haciendo la alcaldesa de Bogotá, lo más probable es que muchas de esas oportunidades de crecimiento económico no se lleguen a materializar, lo cual no solo perjudicará a los mismos venezolanos sino a la sociedad colombiana en su conjunto, y por el contrario hará que muchos venezolanos empiecen a responder a los estereotipos que se han creado sobre ellos, incrementado la inseguridad y la violencia. La solución por lo tanto, en lugar de estigmatizar a una minoría o a los migrantes, pasa por combatir el delito independientemente de su origen y por crear mayores oportunidades sociales y económicas para todos. Este paso, y no la xenofobia y la estigmatización es lo que debería estar promoviendo la alcaldía de Bogotá. Ojalá se corrija el rumbo, aún no es tarde.

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