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Opinión

¿Cuál debe ser el objetivo de los bancos centrales?

Objetivos de los bancos centrales

*Por Martin Wolf, columnista del Financial Times.

En la medida en que los bancos centrales desempeñan cada vez un rol mayor en economía global, bien sea con sus políticas de tasas de interés o con sus programas de compras de bonos en el mercado abierto, pocos dudarían que estas instituciones tienen un importancia capital en la definición del estado presente y futuro de la economía.

De manera pues que ¿Cuál debería ser el objetivo de los bancos centrales? Desde principios del siglo XX la respuesta crecientemente ha sido controlar “la inflación en los precios que pagan los consumidores”. Pero esta premisa nunca ha estado exenta de críticas. Hoy existen cuatro posiciones alternativas. Una piensa que los bancos centrales deberían apuntar a los precios de los bienes. Otra piensa que ellos deberían simplemente apuntar a la tasa de interés. Otra piensa que ellos deberían dirigirse a la actividad económica real. Y la última asegura que los bancos deberían establecer otro objetivo nominal, como el nivel de precios o el producto nominal bruto doméstico. Estos son debates importantes. Pero la realidad permanece: El trabajo de los bancos centrales es un arte no una ciencia. El arte debe estar guiado por objetivos sensibles a la par que una profunda consciencia de la incertidumbre que yace sobre el futuro.

Desde principios de los 1900, la perspectiva dominante entre los economistas y los bancos centrales ha sido que el mejor objetivo es controlar la inflación. Este enfoque fue pionero en Nueva Zelanda en 1900 y rápidamente fue seguido en Canadá y el Reino Unido. La Reserva Federal de los Estados Unidos solamente lo siguió en el 2012. El Banco Central Europeo también tiene como objetivo la tasa de inflación, aunque este objetivo tiene un techo del 2% y no es siempre simétrico. De acuerdo a Paul Fisher, de Warwick Business School, 67 bancos centrales tenían objetivos de inflación en el 2018.

La racionalidad para establecer objetivos de inflación tiene tres componentes. El primer es que es un instrumento – en este caso, la política monetaria – puede solamente estar dirigida a un objetivo. El segundo es que el banco central solamente puede tener un objetivo nominal de un tipo. El tercero es que la inflación es un objetivo comprensible y políticamente aceptable.

Un subconjunto de quienes piensan que los bancos centrales deben tener objetivos de precios están de acuerdo en que debe haber solo un objetivo. Pero ellos quieren que el banco central se enfoque en los precios de un commoditie , usualmente el oro. Quizás, en algún punto, ellos querrán que el objetivo sea el bitcoin, el cual se ha convertido en el último activo de reserva hoy día. La objeción al estándar del oro es discrecional, lo cual ha probado ser intolerable. Hoy, el estándar oro se ha convertido en una perspectiva de curiosidad.

Una perspectiva más compartida hoy es que los bancos centrales deben tener objetivos de crecimiento o de deuda o de un rango de conjunto de bienes, tales como las casas o las acciones del mercado de valores. El gobierno de Nueva Zelanda le ha, por ejemplo, simplemente dicho a su banco central que tenga como objetivo los precios de las viviendas. La gente que piensa esto frecuentemente asegura que el alza en los precios de los bienes alimenta la inequidad y crea inestabilidad macroeconómica.

Hay por lo menos cuatro objeciones fuertes a la idea de que el banco central debe tener objetivos de precios. Primero, dado que los precios de los bienes son volátiles, tener objetivos sobre estos haría que la política monetaria fuera altamente volátil y esto llevaría a que se generara una gran inestabilidad macroeconómica. Segundo, nadie sabe cuál nivel correcto del precio de una casa o de una acción o cuál es el nivel que debería tener el endeudamiento privado. Tercero, los bancos centrales deben, en cualquier caso, tomar en cuenta el crecimiento de la deuda y de los precios de los bienes al momento de evaluar el estado de la economía. Finalmente, si los bancos centrales quieren influenciar los precios de los bienes o apalancarlos, ellos debería tener o poder usar un amplio rango de herramientas regulatorias aparte de la política monetaria.

Quizás el argumento más grotesco es sobre la desigualdad de la riqueza. Es absurdo argumentar a favor de una política monetaria más estricta y por un desempleo más alto, lo cual es dolorosamente real para las víctimas, con el fin de reducir la desigualdad de la riqueza, lo cual simplemente es un ratio. En 2020, la riqueza del veinteavo percentil de la población estadounidense por ingresos era de USD 6400, y la del cuarentavo percentil era de 67.500 dólares. El top del 0.1 por ciento más rico cerraba la lista con 43 millones de dólares en ingresos. ¿Qué diferencia haría para los que casi no tienen nada si el último de estos grupos tuviera el doble de ingresos? Si la gente quiere menos desigualdad en los ingresos y la riqueza, ellos deberían argumentar a favor de impuestos a la riqueza y a las herencias, en lugar de esperar que los bancos centrales hicieran algo para enfrentar este problema.

Una posición que no está relacionada con ninguna de las anteriores es que los bancos centrales deberían tener un objetivo de una tasa positiva de interés real. La implícita creencia detrás de esto es que nosotros sabemos cuál es la tasa de interés real que deberíamos tener y que los bancos centrales han sido los responsables por establecerla demasiado baja por demasiado tiempo. Ninguna de estas presunciones es justificada. La apropiada tasa de interés real en una economía depende de un amplio conjunto de condiciones, especialmente de los montos de ahorro y de la inversión. No obstante, los bancos centrales tienen que establecer una tasa que sea consistente con el equilibrio macroeconómico. Por lo tanto, las realidades subyacentes de la economía son las que determinan lo que los bancos centrales pueden y deben hacer.

Usar la política monetaria para tener objetivos de precios, en vez de simplemente tenerlos en cuenta, es algo que resulta extremadamente loco. Aún así, no es absurdo considerar la actividad económica real. De hecho, la Fed ya tiene el mandato de considerar las tasas de desempleo. Felizmente, establecer objetivos de inflación es consistente con hacer de la actividad económica real el objetivo último de los bancos centrales. Cuando hay una relación más débil entre la inflación y el desempleo, el objetivo del banco central tiene que ser dirigirse hacia maximizar el empleo, sujeto al freno que puede plantear la inflación. Recientemente la Fed ha cambiado sus objetivos para dirigirse a la inflación promedio. Esto le permite tener como objetivo la actividad económica de una forma más precisa, al compensar un periodo con objetivo de baja inflación con uno de alta inflación. Los objetivos de PIB o de niveles de precios podrían reforzar tal objetivo.

En suma, el amplio enfoque de hoy de los bancos centrales es claramente el menos malo. Esto no significa que sea fácil de operar.

Es bastante probable que la política monetaria necesaria para generar el empleo máximo y una inflación estable sea consistente con todos los tipos de actividad económica en el sistema financiero. Nosotros estamos seguros que veremos de eso en grandes cantidades por ahora. Pero ningún banco central sano podría de forma deliberada crear recesiones con el fin de salvar a las finanzas de sí mismo. En vez de eso, el banco central debe salvar a la economía de las finanzas por medio de una fuerte regulación, especialmente de la que tiene que ver con el apalancamiento.

Similarmente, es posible que una crisis excepcional, tal como la pandemia de hoy, generará errores políticos o de política, incluyendo una inflación inesperadamente alta. Andy Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra, ha declarado que este ha sido uno de los riesgos actuales en un reciente discurso bastante elocuente.

Los bancos centrales deben estar siempre alerta. Pero nadie debería imaginar que existe un régimen alternativo que solucionará todas las dificultades actuales. Los bancos centrales cometerán errores. Pero ellos deben mantener las cosas simples, por lo cual la política actual de tener un solo objetivo, sencillo, es la mejor opción que estas entidades pueden asumir ahora.

Con información del Financial Times.

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