Conceptos

Qué es la aporofobia y cuál es su impacto en la economía

Qué es la aporofobia

El concepto

La definición de aporofobia pasa por el reconocimiento de su etimología. Esta palabra viene del griego a- poros (sin recursos) = pobre y fobos = miedo. En consecuencia, el concepto de la misma está atado al miedo y rechazo hacia las personas en condición de pobreza. En el mismo nivel que la xenofobia, la aporofobia implica un rechazo, hostilidad y aversión a otras personas por su una condición existencial determinada, en este caso la pobreza. 

La reflexión sobre la idea y el concepto de la aporofobia surge en los años 1990, cuando la filósofa española Adela Cortina, docente de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia acuñó el término para diferenciar esta actitud de la xenofobia, que es el miedo y rechazo al extranjero, y del racismo, que es la discriminación de las personas por su pertenencia a un determinado grupo étnico o por su color de piel.

¿Aporofobia o xenofobia?

Para la profesora Adela Corina esta reflexión tiene especial relevancia en el contexto actual de la globalización, en el que los fenómenos migratorios desde el Norte de África y el Medio Oriente hacia Europa implican la llegada masiva de millones de personas pobres a unos países con un mejor nivel de vida y con un índice de desarrollo humano más alto.  Adela Cortina tiene en cuenta, que a diferencia de los migrantes provenientes de estos sitios, a los migrantes de otras naciones como Estados Unidos, Australia, Japón y China se les recibe con gusto y hospitalidad, ya que tienen recursos que ofrecer y gastar de forma inmediata en actividades turísticas, mientras que los migrantes de los países que enfrentan guerras y llegan en condición de refugiados generalmente no tienen “nada que ofrecer”, al menos de manera inmediata. 

En este contexto Cortina cuestiona el uso desmedido que se le da a la palabra xenofobia, para incorporar a los extranjeros que vienen en condición de pobreza, mientras que a los extranjeros adinerados se les recibe con los brazos abiertos. Por esto considera importante la llegada de este nuevo concepto para hacer visible un fenómeno que no se tiene en cuenta del que muchos participamos sin darnos cuenta. 

Culpabilización de los pobres

La Aporofobia como tal implica no solo un rechazo a las personas pobres, sino también una culpabilización a estas por su condición, ya que generalmente se dice que las personas que viven así: “Son pobres porque quieren, son unos vagos, deberían ponerse a trabajar”, y esto se dice sin tener en cuenta las circunstancias políticas, económicas y sociales que llevan a que muchas personas caigan en la pobreza. 

En este contexto también la aporofobia se transmite socialmente por medio de creencias infundadas y mitos que señalan que el pobre es por naturaleza un delincuente, un drogadicto, una persona violenta o un resentido social. Todas ideas llevan a que se margine a las personas que enfrentan esta condición y que sus posibilidades de superar la pobreza sean menores. 

Consecuencias económicas de la aporofobia

Como consecuencia de este fenómeno social tenemos varias realidades que merecen ser tenidas en cuenta para un análisis económico sobre la desigualdad y sobre la capacidad de las naciones para lograr un mejor desarrollo.

Estas realidades son:

La aporofobia conduce a la discriminación laboral, por lo que las personas en esta condición tienen menos oportunidades de lograr un progreso económico en el largo plazo y salir de su condición.

El sentimiento de aporofobia lleva a que se piense que los pobres no tienen nada que ofrecer y se les vea como una amenaza, como consecuencia no se invierte de manera adecuada en ellos para que superen su condición y puedan aportar debidamente a la sociedad.

Como consecuencia del punto anterior, la marginación de las personas pobres de los escenarios de desarrollo y progreso económico lleva consigo una subutilización y un desaprovechamiento de los recursos y talentos que las personas pobres pueden ofrecer a la sociedad. Y en este sentido, innovaciones, desarrollos tecnológicos, los aportes al PIB y demás beneficios que la sociedad recibiría de una completa inserción de estas personas a los procesos de desarrollo económico, quedan truncados y no llegan a verse, por lo que se genera un círculo vicioso en el que se sigue viendo al pobre como alguien que en vez de poder aportar algo nuevo y productivo, es alguien que nos va a quitar las comodidades que hemos adquirido por medio de nuestro trabajo. 

Miedo al pobre en la propia casa

La aporofobia no solo se presenta como un miedo al extranjero pobre, sino también como un miedo al pobre de nuestra propia nación, creando zonas y barrios que son completamente excluidos y marginados de las zonas de desarrollo en una ciudad, por ejemplo. Para el caso es importante ver lo que sucede en la ciudad de Bogotá, Colombia, en aglomeraciones urbanas como Ciudad Bolívar y Bosa, donde no se observa el mismo nivel de valoración de los inmuebles que en otras zonas de la ciudad como Usaquén y Chapinero (Zonas donde hay una mayor integración social). A las zonas pobres generalmente no llegan las personas de clase media o media alta a comprar inmuebles, tampoco se acercan a hacer uso de sus comercios ni de sus servicios.  Como consecuencia de esta discriminación, en estas zonas el empleo es precario y la reproducción de las condiciones de pobreza se sigue manifestado.

En el mismo sentido, las personas también tienden a rechazar y a esconder al pobre dentro de su propia familia, siendo este sujeto de marginación, de una mejor integración y víctima de la incapacidad de generar redes de contacto que le permitan conseguir un mejor empleo y aprovechar mejor sus capacidades sociales, intelectuales y artísticas. 

Perspectivas de solución

Como lo indicaba la profesora Adela Cortina en una entrevista reciente con el profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Carlos Alberto Patiño Villa, las soluciones a este problema pasan por reconocer la aporofobia como una realidad existente en nuestras sociedades, incluso como una tendencia que todos podemos manifestar en algún momento. Cortina va más allá de la idea de que la aporofobia sea un fenómeno meramente social e indica que podría tratarse de una tendencia que está programada ya en nuestro cerebro, al igual que la xenofobia.  Por tanto, ser conscientes de esta realidad, nos obliga a cuestionarnos nuestras actitudes propias de aporofobia y ser capaces de mirar a las personas pobres de otra manera.

Lograr lo anterior tendría grandes beneficios para la economía y el desarrollo financiero de las sociedades. Como bien lo señala el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en su libro El Precio de la desigualdad, la disminución de la desigualdad nos lleva a menores conflictos sociales, a una mejor utilización de los recursos financieros de los que disponen las naciones y a un desarrollo económico integral que a la larga nos beneficia a todos.

Lea también: Los líderes mundiales le están fallando a 1400 millones de mujeres

En este sentido, es importante que desde la escuela se eduque a los niños y jóvenes, desde una perspectiva ética sobre este problema. De manera que una mayor consciencia ética permita la apertura de las estructuras sociales y la integración plena de las personas pobres al desarrollo económico y social, como sujetos valiosos y en capacidad de aportar de gran manera si se les permite.  

Vea el vídeo de la entrevista de Adela Cortina en la Universidad Nacional de Colombia.

Nota: El término aporofobia fue incorporado por la Fundación del Español Urgente en mayo de 2017 como un neologismo válido. En septiembre de ese mismo año fue incluido en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. 

Con información de la Universidad Nacional de Colombia.

Fuentes: Fundeu.

LO MÁS POPULAR

Arriba