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Análisis

Las batallas de Biden solo han empezado, según el Financial Times

Joe Biden tiene una agenda bastante progresista para liderar la transformación económica de Estados Unidos y sus propuestas seguramente le traerán una gran oposición por parte d los republicanos. Sin embargo, su lucha no será solo para convencer a los republicanos de pasar su ambiciosa agenda social, sino también para convencer a los escépticos de su propio partido de llegar a cabo los cambios que él cree necesarios para el país.

En este escenario, el Financial Times ofrece una perspectiva editorial bastante interesante de lo que serán las batallas que Biden tendrá que sortear este año en el Congreso estadounidense. Esto fue lo que señaló Rana Foroohar, columnista del Financial Times en una de sus más recientes columnas de opinión para este medio británico:

“La mayoría de demócratas están positivamente impresionados con los primeros meses de presidencia de Joe Biden. Este hombre es como un Yoda de la política, aprovechando la Fuerza del gobierno para superar la más grave crisis económica desde la gran Depresión en tan solo 100 días. Su plan para el empleo, su manejo de la crisis del Covid, y los movimientos que ha hecho para transformar el sistema de recompensar de trabajo sobre la riqueza, involucran cambios que muchos habían esperado por décadas. La agenda incluye estándares más altos para el empleo y un sistema de impuestos más justos, inversiones en la salud, el cuidado infantil y la educación, y cadenas de suministros más fuertes. Incluso los republicanos están apoyando ideas como renovar la infraestructura y mejor el servicio de banda ancha.

Desafíos a nivel nacional

Algunas de las cosas que Biden está proponiendo, tales como mejorar los contratos federales y defender los intereses comerciales de Estados Unidos, pueden hacerse con un decreto desde la Casa Blanca. Pero los programas de cientos de miles de millones de dólares tendrán que pasar por el Congreso. Y todo esto depende de mantener la ligera mayoría demócrata en el Congreso (En el senado que se encuentra dividido en 50-50). Incluso si los planes son aprobados, la implementación será compleja.

Los detalles prácticos de muchos de los programas – Cómo ellos pueden ser desplegados, con qué agencias (estatales o federales) podrían estar por decidirse, y cómo estos planes se financien – es algo que tampoco está claro. Pero en la medida en que los planes se vuelven más concretos, es probable que ellos involucren negociaciones y compensaciones entre una miríada de grupos. Ahí es cuando el trabajo duro comienza.

Primero, hay consideraciones usuales que deben hacerse entre la política y las políticas, lo cual es particularmente importante en la medida en que el país avanza para las elecciones de mitad de término, donde los demócratas se arriesgan a perder su margen de apoyo en la Cámara de Representantes.

Lo que ambos partidos quieren

Los estudios muestran que tanto los demócratas como los republicanos quieren una inversión en infraestructura que traiga nuevos puentes y más banda ancha. La pregunta es de dónde vendrá el dinero. Un gran porcentaje de los sindicatos de construcción votaron por Trump en las elecciones pasadas. Estos votantes, muchos de los cuales vienen de estados indecisos en las elecciones, quieren un gasto inicial en proyectos que están listos para empezar y que pondrían un gran número de trabajadores de vuelta al empleo, algo que el presidente reconoció en su mensaje al Congreso la semana pasada, llamando a su plan de empleo un “proyecto para los trabajadores manuales”, para “construir de nuevo y mejor”.

Reconstruir puentes y carreteras es ciertamente necesario y provee oportunidades para cortar cintas en eventos públicos. Pero impulsar la banda ancha en comunidades a las que aún no ha llegado, algunas de las cuales son rurales pero muchas de las cuales también están en grandes áreas rurales, es algo ciertamente más importante. Aún así, tales esfuerzos serán menos visibles. Las inversiones iniciales irían para equipamientos en lugar de ir a empleos directos, y el proceso de ampliar las líneas de fibra óptica es un movimiento lento. Lo mismo sucede cuando se trata de cosas como impulsar la oferta de semiconductores. Construir una fundición toma años, no meses.

Esto subraya la tensión entre las necesidades de corto plazo y las de largo plazo. Los mercados de capital de Estados Unidos y en particular los capitalistas de riesgo quieren resultados rápidos y grandes soluciones. Pero reconstruir la base industrial y hacer una transición hacía una economía verde es una propuesta que va más allá de una década. Podría requerir la un sistema completamente nuevo de financiación a largo plazo, tal como un banco público de infraestructura, sin mencionar el compromiso de una política industrial.

Desafíos a nivel internacional

Será algo que también requerirá el apoyo de los aliados. Superar las barreras entre lo que se vende hacia afuera y lo que se vende hacia adentro será el desafío más grande del presidente. En su discurso ante el Congreso, Biden dijo que él había tenido conversaciones con los líderes mundiales que creían que Estados Unidos estaba “de vuelta” en el escenario internacional, pero estos líderes quieren saber por cuánto tiempo. Los europeos, razonablemente, quieren ser capaces de contar con la estabilidad política de América antes de comprometerse en una alianza liberal alrededor de alianzas de comercio, impuestos y tecnología, particularmente dada la importancia de las relaciones comerciales de China y la Unión Europea.

Europa y Estados Unidos se necesitan el uno al otro y deberían trabajar juntos para desarrollar una alianza digital que provea una alternativa liberal y democrática al capitalismo de estado vigilante de China, o al modelo de mercado sin control de los monopolios tecnológicos de los grupos de Silicon Valley. Pero incluso si Europa se da cuenta de que sus intereses a largo plazo están mejor protegidos por relaciones fortalecidas con Washington en vez de que con Beijing, los europeos y los americanos tienen diferentes grupos de presión corporativa que harán pesar su influencia buscando prioridad y protección.

Un gran ejemplo es Apple y Google luchando contra Bayer, Siemens y BASF sobre las reglas de patentes y quien tiene qué parte en la economía digital del siglo XXI. O las preocupaciones europeas acerca de la regulación estadounidense sobre la información. Alemania será la zona cero para ver cómo todo esto se desenvuelve, en la medida en que Estados Unidos empuja al país a elegir entre varios sistemas de 5G y de chips. En esta batalla, los exportadores alemanes, los cuales venden tanto a Estados Unidos como a China, tienen mucho que perder. Como un abogado representando los poderosos intereses del empleo estadounidense me dijo recientemente, “Alemania está tratando de tener dos vías con China para el comercio, pero ellos no pueden”.

Ni puede Biden ser al mismo tiempo un presidente pro empleo y uno que busca apaciguar a las grandes compañías tecnológicas. Silicon Valley tiene un gran poder de lobby en Washington, teniendo a los políticos de ambos partidos en su bolsillo. La Uberización de más tipos de trabajo que ingresan a la economía colaborativa, el fracaso de los activistas sindicales para organizarse dentro de las compañías tecnológicas como Amazon, y el argumento de que los monopolios de plataformas no deberían romperse porque ellos necesitan ser grandes para defender los intereses de nacionales de la economía amenazan la visión de Biden de “trabajo sobre riqueza”. Por esto, la batalla de este Yoda político, no ha hecho más que empezar”.

Con información del Financial Times.

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