Opinión

El Plan Verde del Reino Unido ¿Será suficiente? pregunta The Economist

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La revista The Economist se ha referido al plan verde del Reino Unido, el cual es impulsado por el primer ministro Boris Johnson. El plan que consta de 10 puntos busca colocar a Reino Unido a la vanguardia de las energías limpias para el 2030, haciendo posible que el país se dirija a ser una economía neutral en emisiones de carbono para 2050. Dentro de las características de este programa se encuentran: el impulso a la energía eólica, la energía nuclear, las construcciones sin emisiones de carbono, los vuelos verdes, el transporte 100% eléctrico, las finanzas verdes, la protección del medio ambiente, la captura de las emisiones de carbono (tecnología muy prometedora en teoría, pero con pocos resultado en la práctica hasta ahora), promoción del ciclismo y la actividad física, y la energía de hidrógeno baja en carbono.

Sin embargo, aunque el plan de Johnson suena ambicioso, hay ciertos puntos que The Economist recoge y fustiga con especial dureza. La pincipal pregunta de esta fuerte crítica de la revista es si Boris Johnson será capaz de llevar a cabo un plan audaz en materia energética a pesar de que desde David Cameron, un primer ministro también conservador, el país había intentado ir por la senda verde sin mayores progresos.

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La crítica que hace la revista ha puesto especial énfasis en dos puntos esenciales: los autos eléctricos y el impulso al consumo eléctrico en el hogar. Y es que si bien el país prohibirá la venta de autos eléctricos a partir de 2030 aún no queda claro cómo será esta transición y si los británicos serán capaces de adaptarse en el tiempo estipulado. Por ejemplo, el nuevo vehículo eléctrico Vauxhall Corsa  cuesta alrededor de 26.000 libras, mientras que una versión similar del coche impulsado por gasolina cuesta apenas uno 16.000 euros, y estos precios ya incluyen los subsidios a los autos elétricos!, lo cual quiere decir que hay una diferencia de 10.000 libras que el gobierno no ha sido capaz de cubrir. Esta diferencia es un claro incentivo para que las personas sigan comprando vehículos impulsados por gasolina o por diesel, y teniendo en cuenta los altos costos asociados a la contaminación ambiental que representa este tipo de transporte, la diferencia en la práctica es un subsidio.

The Economist rapidamente nos pone al corriente de que en Noruega ya no existe una diferencia de precios de este tipo entre vehículos eléctricos y vehículos impulsados por combustibles fósiles, por lo cual más del 60% de coches que se venden actualmente en este país son eléctricos y más del 20% entran dentro de la categoría de coches híbridos. ¿Y cómo ha logrado esto Noruega? Pues es muy sencillo, el país ha colocado altos impuestos a los vehículos impulsados por gasolina o diesel, unos impuestos que reflejan el daño ambiental que este tipo de vehículos ocasionan. ¿Podría hacer Reino Unido algo similar? En realidad The Economist ve esto bastante difícil de momento, pues Reino Unido ni siquiera ha podido subir los impuestos a la gasolina, los cuales permanecen inalterado desde 2011.

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Ahora, respecto a la segunda crítica del programa de Johnson en materia energética, la revista señala que si bien existe un alto grado de ambición en impulsar la energía de las turbinas de viento del mar e impulsar la energía nuclear segura, lo cierto es que en plan de Johnson no se proveen detalles de cómo se ayudará a las familias a incorporar esta demanda en sus hogares. Se ha hablado de gigafábricas de baterías, aviones impulsados por energía eléctricas, impuestos al consumo de carbono, pero lo cierto, aclara de Economist, es que hay pocos detalles al respecto.

Los conservadores pueden jactarse de querer “conservar” el medio ambiente, pero cuando un programa es una lista de deseos, más que un plan de acción concreto, la verdad es que cualquiera haya razones para dudar. Ahora bien, pueda que el plan de Boris Johnson no salve al planeta, pero al menos le dará una oportunidad más clara, pues otras economías desarrolladas y en desarrollo podrían seguir su ejemplo.

La gran incógnita es que si el programa de Reino Unido le parece poco ambicioso y poco claro a The Economist, qué pensarán los editores de la revista de los planes para enfrentar el cambio climático de las naciones en desarrollo. Las economías menos avanzadas son las que más efectos negativos sufrirán por el cambio climático, aún así son las que menos pueden hacer por su falta de desarrollo, por su baja capacidad tecnológica y también por el escaso o nulo compromiso de sus líderes políticos. Pero, cuando la economía de los principales consumidores de petróleo y carbon (las economías más desarrolladas) pase a ser más eléctrica y verde ¿Cómo harán las economías en desarrollo para afrontar esta realidad? Muchas dependen de las exportaciones de petróleo y de carbón para mantener sus finanzas. ¿Se darán cuenta a tiempo de que es necesario hacer un cambio? Esperemos que cuando lo hagan no sea demasiado tarde.

Con información de The Economist.

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